ARTÍCULO - AMISTAD - BAROJA - MARAÑÓN - JUVENAL

APUNTES AMISTOSOS

Aprovecho que aún no me ha incordiado ninguna persona devota de la nueva religión del antirracismo absoluto para cambiar de tema. Pero, ¡vaya día!, 6 de agosto, septuagésimo tercer aniversario de la acción más abominable de la Historia, cuantitativa y cualitativamente, rematada el 9. ¿Sabemos que las cuatro primeras letras del apellido de aquel macrocriminal son las mismas que las de TRUMp? Sosiego.

Hablemos de la amistad. No vendrá mal para desengrasar de la espesa actualidad socio-política:

 “Sólo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez”.

Tremenda sentencia del tremendo Baroja. Pero habría que entenderla en el contexto de una sociedad marcada por la hipocresía, sin darle, por tanto, carácter absoluto. Tal vez fuera la peculiar manera de don Pío de reivindicar la amistad no degradada a la conveniencia puntual. En cualquier caso, la frasecita destila desconfianza en la condición humana.

Pío Baroja, novelista
PÍO BAROJA, NOVELISTA

Sin llegar al extremo caricaturesco del novelista, muchos pensamos que no es hacedero extender alegremente el número de nuestras amistades dignas de ese nombre. A veces señalamos por costumbre con tal rótulo a quienes no son sino conocidos con quienes entretenemos las horas ociosas. De estos encuentros surgen luego los desencuentros, y la “amistad” puede convertirse en enemistad visceral, proceso menos virulento que el “amor” que da paso a los odios enconados. Sí, las falsas amistades, o los presuntos amores, son un silbo de Navidad, el popular matasuegras, que se extiende con la misma facilidad con que se contrae.

Marañón, amigo de Baroja, definió la amistad así:

 “El primer grado de parentesco”.

No es raro encontrarse entre los médicos con personas de vitalidad desbordante (hola, Estrella, Carme, Blueberry). Esto no es paradójico. Porque, aunque desde su profesión conocen en primera línea el sufrimiento humano, no es extraño que, como compensación, su tono vital se afirme en vez de encogerse.

GREGORIO MARAÑÓN, MÉDICO-HISTORIADOR
GREGORIO MARAÑÓN, MÉDICO-HISTORIADOR

Esta virtud contrasta con lo tristón de otros gremios; por ejemplo, el de los profesores, según mi experiencia. Ahora bien, el propio Baroja fue médico, aunque después dejó de ejercer. Médico, claro, de los de antaño, y habría que haberlo visto a lomos de caballería por los angostos valles guipuzcoanos, de día o de noche, con sol, lluvia, granizo o nieve, camino del último baserri (caserío) montesino con su maletín.

Marañón fue optimista de naturaleza. Sus vastas relaciones humanas le hicieron cosechar muchos amigos. Pero, quizá su concepción y la de Baroja no fueran, en el fondo, tan diversas. El doctor-historiador tuvo tantos amigos porque desarrolló una actividad laboral y social amplia y encontró personas interesantes. Aunque sabía discriminar entre amigos, conocidos y oportunistas, sólo que su carácter, tan distinto al del novelista, lo predisponía a la amistad.

No siempre la caída de dientes y cabello señala el paso del ameno soto al páramo desolado en las cuentas de la amistad. Algunas personas mantienen sus viejas amistades y ganan nuevos amigos según van dejándose muelas y pelo por el camino. Suele afirmarse que tienen “suerte”, aunque habría que ver hasta qué punto es “suerte” y hasta dónde es resultado de su forma ecuánime de ser.

“Quien tiene un diente tiene un diamante”,

solían decir de antiguo los desdentados, que eran casi todos los que llegaban a cuarenta años. Añadamos que también quien tiene un amigo merecedor de ese nombre tiene un diamante, y de los gordos.

El cultivo de la amistad es como el de una planta exquisita que para dar lo mejor de su esplendor no necesita cuidados especiales: basta con regarla regularmente y quitarle los pulgones. La amistad así acrecida y conservada es un valladar contra el tedio de la vida, y no puede ser sustituida por ordenadores ni demás objetos electrónicos. La Informática es muy útil si uno no se engancha. Me gusta que CRT y PCA participen de ella y de las Ciencias Humanas, en una afortunada simbiosis idónea para ahuyentar los riesgos de su uso inercial.

Debemos a Juvenal una frase que nos dejará mejor sabor de boca que la escrita al comienzo de este artículo:

“Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo”.

Y no había automóviles.

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