ARTÍCULO·Enseñanza, España, actualidad

EROS EN EL INSTITUTO

NOTA.- Publicado en DEIA (Bilbao) y en el DIARIO DE BURGOS. Para comprender cabalmente algunos aspectos, téngase en cuenta que vio la luz hace unos cuantos años (no por ello deja de ser actualidad). Lectores americanos: el Instituto es el recinto donde se cursa la Enseñanza Secundaria en España. Es decir, hablamos de adolescentes.

jovenes instituto 1

       Eros siempre ha sobrevolado el instituto, cantera inacabable del primer primoroso amor de tantos adolescentes (del mío, sin ir más lejos). Pero ahora no es que Eros sobrevuele con recato sus aulas, sino que éstas se dejan penetrar sin sonrojos por su flecha. Aquellos amores de hasta hace no tanto, aunque no fueran estrictamente platónicos, se le acercaban mucho. Era un vuelo el de entonces sin duda esplendoroso, aunque más bien al resguardo de gruesa materia sexual. La novedad en los últimos años es que las aulas acogen las posaderas de jóvenes entre quienes aumenta el número de los que ya han conocido una relación sexual plena. Lo de “plena” sea dicho en el sentido habitual del término, léase de penetración; acotación necesaria, porque habrá quien piense, al menos entre los adultos, que ese acto no supone ninguna plenitud si no va de la mano de otros ingredientes. Y, hablando de esa palabra que comienza por “pene”, no puedo esquivar la tentación de afirmar que hoy algunas y algunos están ya más gastados que la pipa de un indio antes de cumplir los 20.

       Mi charla con un profesor que lleva viendo desfilar promociones de alumnos durante más de tres décadas siempre tiene algo de interesante, porque el de las aulas es observatorio privilegiado de la sociedad, y más cuando se permanece tanto tiempo al timón… o al remo. De repente surge la chispa. Abrochémonos los cinturones: ¿Cómo pueden influir esas relaciones plenas o “plenitas” en el rendimiento de los alumnos? No creo que mi amigo sea un dómine chiflado y desfasado, ni siquiera cuando se responde a sí mismo y me sugiere que acostumbrarse tan pronto a una gratificación inmediata actúa en contra del espíritu de sacrificio con recompensa a largo plazo que es la vida del estudiante. Hay enunciados que se rechazan automáticamente, provocan polarización y a partir de ahí el único panorama es el encastillamiento. Sin embargo, es saludable tener el espíritu abierto y realizar el esfuerzo de comprender. En esto y en tantas otras cosas que nos traen y hasta nos afligen.

      El tema es sugerente. La desinhibición sexual y el desahogo económico han ido de la mano en España. Ahora son muchas las familias que poseen segunda vivienda. ¿Que qué? Pues hombre, que entre otras cosas el contacto sexual requiere un espacio de intimidad, porque eso de hacerlo en los sitios más peregrinos sólo le va de perlas a la industria cinematográfica y a lo exhibicionistas. Así que el pisito de veraneo a tiro de piedra también ayuda. Siempre habrá momentos en que uno de los dos esté vacío de padres, abuelos o, si los hay en estos tiempos de sequía demográfica autóctona, hermanos. El adolescente puede quedarse en la ciudad cuando la familia se va al piso de la playa o la montaña, o irse al de la playa o la montaña “con algún amigo”, de su sexo que se dice, cuando los padres se quedan. Por lo tanto, es evidente que estas condiciones operan a favor de obra.

      Pero, volvamos a la pepita. Ciertamente en el contacto sexual el adolescente obtiene una satisfacción que no se difiere a un real o hipotético futuro, el “carpe diem” horaciano (sacarle todo el jugo al presente) es más atractivo que la labor paciente cuyo fruto se siente muy lejano y además inseguro, tan inseguro que puede percibirse a modo de “ad calendas graecas”, es decir, inalcanzable. Ahora bien, también debemos hacernos la pregunta de si la liberación de la tensión sexual, en vez de bombardear la línea de flotación de los estudios, deja a los jóvenes en mejores condiciones de aplicarse a su tarea escolar. Igual que un médico humanista dijo que no hay enfermedades, sino enfermos (imborrable sentencia que debería presidir la actividad profesional de todo médico) podemos considerar que el efecto de la consumación sexual en los estudiantes de instituto no tiene por qué obedecer a un esquema fijo, y que lo más probable es que actúe según la personalidad de cada uno. Habrá quienes quedarán enganchados al código de satisfacción inmediata del estímulo, en detrimento de toda labor de largo braceo, pero también habrá quienes sepan fijar en sus frentes que lo cortés no quita lo valiente.

      Al menos, mientras no haya análisis fiables de la influencia de este factor en el rendimiento escolar y, de forma general, en la psicología de los adolescentes, será prudente dejar abierta la cuestión. Si en los institutos se llevan a cabo desde hace años campañas de prevención del sida será porque hay datos o se piensa que esa precoz relación sexual existe y debe ser preservada del contagio de la enfermedad. Pero de lo otro (su influencia en el rendimiento escolar) no se habla entre los profesores. Quizá porque casi nadie haya caído en la cuenta de estas entretelas sutiles. Así que una eficaz manera de terminar este artículo es concitar la atención de educadores y demás expertos sobre el particular. Los tiempos, que ahora corren a velocidad de AVE, traen estas novedades.

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