ARTÍCULO

Valle-Inclán visto por Umbral

NOTA.- 28 de octubre, aniversario del nacimiento de un hombre / texto, Valle-Inclán, y algunas observaciones sobre él por parte de otro hombre / texto, Umbral. Se me publicó en una revista en agosto de 2007.

         A Umbral le interesa Valle-Inclán, a Umbral le seduce Valle y le dedica un libro que es un ferrocarril que atropella al lector no puesto, un ensayo sorprendente donde la pluma de Francisco cabalga sin pausa páginas de una prosa audaz, “Valle-Inclán. Los botines blancos de piqué”. El gallego iba armado de luenga barba, quevedos y botines blancos de piqué, y Umbral de bufanda blanca, gafas gruesas y vaqueros remangados. Así que ya tenemos aquí que a un hombre / texto como Umbral le gusta el hombre / texto que fue el gallego. Cuestión de afinidades, da la sensación de que el escritor madrileño criado en Valladolid se canta en Valle a sí mismo. El dandi es, sí, en la fórmula de Umbral un hombre / texto, además de “un ángel sin Dios que se pasa la vida fabricándose unas alas, generalmente de papel de periódico”.

        Cree Umbral, sobre el intento de tantos escritores y críticos de dejar al autor de “Luces de bohemia en mero esteta, sin más, que “poner el énfasis en lo menor de uno es otra forma de censura: la más inteligente y dañina”. Y tampoco basta con despacharlo con la palabra “esperpento”, que le parece un “remediavagos de los críticos”. De los malos críticos, se entiende. Otra vez barrunto, por lo del “énfasis en lo menor”, que Umbral habla de sí mismo por interposición de Valle, pues lo que llega a la gente que no ha leído su obra es su gesto irreverente y a veces desabrido en sus apariciones en la pequeña pantalla. También cuando dice que Valle estaba hecho de contradicciones no cree que ello sea un defecto, y probablemente esté pensando en sus propias contradicciones: “La contradicción es el riego de retorno de una biografía y en la contradicción pillamos al personaje más verdadero que nunca”.

        Y en cuanto a la labor periodística, que Umbral ha definido como “la escritura perpetua”, contrariamente a la idea señalada por otros autores de que el columnismo es una sanguijuela que deja exhausto al escritor para acometer su obra libresca, indica que “no perjudica a Valle en el estilo (…) ni tampoco le quita tiempo para hacer su obra / ópera, que siempre es “omnia” para él. Más tiempo perdía en el Ateneo y en los cafés de camareras”. Francisco Umbral mantiene su columna en El Mundo seis días a la semana excepto en agosto, menuda papeleta de columnista, y nunca mejor dicho, esta obligación de llenar un papel casi todos los días del año. Pero ya vemos cuál es su idea, y desde luego a él no le ha impedido escribir su buena ración de libros, aunque en arrobas de buen llevar. Así que esa escritura perpetua de la que habla es un constante ejercicio para mantenerse a tono… a la vez que se sanea la cuenta corriente.

        Tenemos que Umbral se retrata en el espejo no deformante de Valle. Quevedo, el Valle de los quevedos y Ramón Gómez de la Serna son su savia nutricia española. De la extranjera no hablaremos aquí. Cuando afirma que “Todo sabe a Valle en Valle, y ésta es la huella digital del genio”, vemos que todo sabe a Umbral en Umbral, aunque la segunda parte del enunciado quizá sea ir demasiado lejos. Hay más: “Valle escribió fácil y gozoso, y por eso escribió tanto”. Fernando Fernán Gómez ha hablado en un artículo del ABC de la escritura gozosa de Umbral, y éste está queriendo decirnos que el escribir fácil no es desdoro, sino virtud, y que el que sufra dolores de parto para redactar unas líneas lo mejor es que lo deje y se dedique a otra cosa.

       Umbral piensa que escribir correctamente no es sinónimo de hacerlo bien, y de eso hay abundantes pruebas en su obra. Pienso que redacta incorrectamente a conciencia, como una marca más del estilo que se ha creado, que emplea mal ciertas formas verbales, amén de su peculiar sentido de la ortografía de los signos de puntuación, donde va por libre en la forma de un minimalismo ortográfico, como si el impecable cumplimiento de las normas fuese un lastre para la agilidad de la narración. Como indica él mismo, “ya dijo Ortega que un estilo consiste en irle haciendo finas erosiones a la  gramática. Hay que desgarrar el pentagrama, como Beethoven”. Pues sí, Paco le hace finas y no tan finas erosiones al lenguaje en pos de crear un estilo personal e intransferible, un arma de dos filos que puede acabar fagocitando al autor. Porque el estilo es a veces el trampolín para no decir nada de fuste.

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