Esclavitud sexual y galeras: ¡fuera la venda!

 

NOTA.- Hay varios días en el año para denunciar esta atrocidad de la trata de niñas y mujeres con fines de explotación sexual, fenómeno al que he definido como el peor de los terrorismos y el que a más personas afecta, con diferencia sideral sobre todos los demás. En el mismo sentido, he denunciado que es al que menos se atiende por las autoridades. ¿Casualidad? No lo creo. Una vez leí a Nietzsche que era bueno tener en la mesilla, junto a la cama, a mano, pluma y cuartillas para apuntar los pensamientos que en esas horas nocturnas nos merodean. No le hice caso, pero una noche me ha venido la idea de trazar un paralelismo entre el horror pretérito de las galeras y el actual de la trata, y no se me olvidó al despuntar la aurora. Éstas son las líneas que más pesar me han causado en mi vida, tanto en los prolegómenos como en la propia redacción.

Bajo la traza de normalidad y bullicio de nuestras ciudades, si se descienden unos peldaños, anida un mundo de una sordidez espantosa: me refiero a la trata de mujeres, abyecto crimen que me enciende. Por su escalofriante realidad y porque  no se hace lo suficiente para erradicarlo.

      Haré un símil: en las batallas navales de siglos pretéritos, en las ocasiones de victoria, bajo aquel oropel de chirimías, ditirambos, rezos de acción de gracias a ¿Dios? y cánticos victoriosos, si se descendían unos peldaños en las galeras… allí estaba el infierno. Me refiero a los galeotes, remos vivientes ensartados día y noche en la cadena y en cuya infausta situación, pienso, lo de menos era el propio remar sobre el duro banco. Porque la suciedad extrema, insectos, llagas, dolores y picores de todo tipo, inmovilidad poco menos que absoluta, vivir casi entre sus excrementos y orines y un largo etcétera  eran todavía peor.

            La que acaban de leer es la analogía más adecuada que encuentro para hablar de la trata de mujeres. Nuestras democracias deberían actuar con mucha mayor energía para ser dignas de ese nombre. Oímos frecuentemente que se ha llevado a cabo tal o cual acción liberadora de unas pocas víctimas. Pero, ahora mismo, cuando están Vds. leyendo esto, ¿cuántas otras niñas y mujeres están siendo sometidas a esta esclavitud aquí, en nuestras ciudades, sin tener que ir a sus países de origen, de donde las traen engañadas, compradas o secuestradas? Si DE VERDAD no se tolerara, ¿por qué la campaña toleranciaceroconlatrata?

          Este artículo no es de investigación exhaustiva a propósito, porque leer o escuchar la propia expresión “trata de mujeres” me afecta. No obstante, bastante he leído y visto ya. No se lo recomiendo a nadie, salvo si es para involucrarse en la lucha. No deseo describir detalles escabrosos, sólo decir que concurren todas las violencias aprovechando la vulnerabilidad de las afectadas: captación engañosa con señuelo de trabajo digno, o compra, o secuestro, enclaustramiento, palizas, sometimiento, privaciones… en una palabra: esclavitud en el siglo XXI. ¡Qué contrasentido sangrante hablar de “chicas de vida alegre donde no hay sino lágrimas!

    Todo este lucrativo y abominable negocio, amasado con un padecimiento sobrehumano de las víctimas, si no es debidamente castigado por la justicia en la Tierra, que no lo es, lo será por la divina (llámenla como prefieran), con penas proporcionadas a la inmensidad del crimen. Si a alguien de ese submundo le queda un atisbo de humanidad, por mínimo que sea, que se salga a la carrera de él y dedique el resto de su vida a reparar el daño causado. Porque todas las penas del infierno van a caer sobre estos desalmados. Quienes tomen a risa o con asombro esto último, consideren al menos la posibilidad de que es Ley que se cumple inexorablemente.

         A las autoridades: más medios, determinación y condenas severas. Hay una relación indiscutible con el género. La violación es el estadio supremo de la violencia de género, y la trata es una violación crónica, permanente. Así que, me autocorrijo para afirmar que, en la crudelísima realidad, ese estadio supremo de la VG es la trata.

        A los demás lectores: hay que desprenderse de la venda, no se puede mirar para otro lado, eso supondría invisibilizar este delito gravísimo (que es lo que sucede, por escandaloso que pueda resultar). Si quienes en razón de sus cargos no hacen todo lo que deberían (o, incluso, a veces están involucrados en él), cada uno de nosotros debemos de colaborar del modo más acorde con nuestra situación. Hay gente que recela de las ONGs, pero es preferible echar un capote a que una ayuda que va a llegar a las damnificadas (niñas, chicas y adultas) se desbarate por esos recelos. Jamás se arrepentirán.

          ¿Se imaginan Vds. una hija o nieta suya caída en las garras de esos monstruos y que les fuera imposible rescatarla? ¿Podrían soportar seguir viviendo? Pues eso, ekin lanari (manos a la obra).

 toleranciaceroconlatrata.org  anesvad.org  apramp.org  sicar.cat son algunas de las páginas que pueden consultar.

POSDATA.- Esto muy poco tiene que ver con la prostitución… si DE VERDAD se ejerce en libertad, con todo el beneficio económico para ellas (o sea, sin la siniestra figura del proxeneta), por mujeres que no encuentran otro modo de ganarse la vida y a quienes, en vez de multar, habría que ayudar, pues seguro que si pudieran dejarían ese trabajo penoso. El único punto en común es que en ambos casos las raíces del problema nos conducen a la situación de miseria insoportable de tantas y tantas mujeres en el mundo; a la que, en el caso de la trata, se une la presencia del MAL ABSOLUTO.

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